dimecres, 30 de gener de 2013

I hui, què em contes?

Doncs anem a contar un conte adreçat als més menudets de la casa tret del llibre Cuentos para chiquitines, el qual trobareu a l'apartat de Pares, en la secció Infantil de la biblioteca.

 


LAS TRES PREGUNTAS
Cuento español

Fue en aquellos tiempos cuando uno podía convertir la p
aja en plata, que vivía una princesa tan bella y bonita como no era posible encontrar otra igual. Un príncipe joven se enamoró de ella y penso que había nacido de rango bastante alto para pedir su mano. Pero la princesa dijo:

Sólo me casaré con aquél
que me pueda contestar tres preguntas:
¿Cuál es el alimento más alimento?
¿Cuál es la bebida más bebida? Y,
¿cuál es la especia más especia?
Si no lo sabes, no me casaré contigo.

El pobre príncipe se quedó muy triste porque no sabía contestar ninguna de las preguntas. Y como estaba muy enamorado de la princesa, decidió ir a recorrer el mundo para encoentrar la solución a las tres preguntas. Anduvo y anduvo, visitó un país tras otro, atravesó miles de reinos, pasó por altas montañas, atravesó profundos ríos y torrentes y densos bosques, pero allí donde preguntaba no encontraba ninguna información.
 
Una mañana encontró un pastor que tocaba su flautita y guardaba un rebaño de ovejas. El príncipe le quiso preguntar por una gran ciudad, en la que vivía un hombre sabio y anciano, y el pastorcillo contestó a las preguntas del príncipe amable y hábilmente. Al final quiso saber también su nombre:

- ¿Cómo te llamas pequeño pastor?
- Diablito
- ¡Qué raro! ¿Cómo es que te llamas diablito?
- Porque soy el hijo de un diablo y una diablesa
- ¿Cómo es eso?
- Sí señor, soy un diablo, pues mi madre dice a menudo a mi padre: "Eres el diablo en persona", y el contesta: "y tú eres una auténtica diablesa". Con lo cual yo soy un diablillo.

Toda esta explicación la dio con tanta gracia que el príncipe tuvo que reírse y puesto que pensaba que el zagalillo era bastante listo, le preguntó:

- Escucha pues, diablillo, ¿me puedes decir cuál es el alimento de los alimentos?
- Pero, ¡qué pregunta! Eso lo sabe cualquier niño. El pan es el alimento de los alimentos, pues todos los hombres lo comen, tanto paganos como cristianos y judíos. Y cada vez que un hombre tiene hambre, ¿no reclama siempre pan?

El príncipe estaba convencido de que el pastorcillo había acertado en su respuesta, y por so siguió preguntando:

- ¿Y cuál es la bebida de las bebidas?
- ¡Cómo! ¿Tampoco lo sabéis? Todo el mundo sabe que el agua es la bebida de todas las bebidas. Los hombres, los animales y las plantas morirían si no hubiera auga. Y cada vez que un hombre tiene sed, ¿no reclama siempre agua?

La respuesta le gustó al príncipe tanto como la primera y por eso preguntó por tercera vez:

- Ahora me gustaría saber, ¿cuál es la especia de las especias?
- Pero, ¿es qué hay alguien en el mundo que no lo sepa? La especia d elas especias es la sal. Sin la sal las comidas no tendrían sabor, ni siquiera mis ovejas y mis cabras querrían vivir sin sal.

Entonces el príncipe reconoció que también esta respuesta era la mejor explicación y no podía entender cómo no se le había ocurrido a él y que tampoco los sabios ancianos hubieran encontraod esta fácil solución. Regaló al pastorcillo una bolsa llena de ducados de oro, y lleno de esperanza, tomó el camino hacia la casa.
 
Cuando llegó a la ciudad donde vivía la princesa, preguntó enseguida si aún seguía soltera y si se había casado ya. Pero a pesar de haber llegado muchos pretendientes, ninguno había encontrado la respuesta, y la princesa había perdido la esperanza de casarse algún día. De forma que el príncipe fue al palacio y dio a la princesa respuestas a sus preguntas. Y ella quedó muy satisfecha. El más feliz era el rey que, por fin, había conseguido casar a su hija. Y así pues celebraron una brillante boda.
 
 
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