dimecres, 6 de febrer de 2013

I hui què hem contes?

Il. Rob Scotton


EL BORREGUITO TRAVIESO
(Cuentos para chiquitines. Ed. Rudolf Steiner)


Érase una vez un pastor que tenía muchos corderos; corderos grande y chicos, corderos blancos y negros. Cuando el sol calentaba demasiado, el pastor se paraba, reunía sus corderillos y recogía a todos los borreguitos en su manto de pastor, y todos se quedaban dormidos. ¿Todos? ¡Oh no! Mira, había uno que no tenía nada de sueño, salía de debajo del manto del pastor, y dando brincos alegres se alejaba, ¡había tantas cosas que descubrir! ¡Las flores, las mariposas, los pájaros! Había un conejito que estaba sentado debajo de una mata y le dijo:

- Borreguito, vuelve, vuelve a casa borreguito que está triste el pastorcillo.

El borreguito contestó:

-¡Bee, bee,al mundo quiero mirar
y de alegría voy a saltar!"

Y terco ocmo una cabra se alejó.

Se encontró con un ciervo y éste le dijo:

-"Borreguito vuelve,
en el bosque vive un gigantes,
ten cuidado que no te espante."
 
El borreguito no tenía miedo, seguía alsol con sus rayos brillantes hasta llegar por fin al bosque grande y oscuro, los árboles suavemente mecían sus copas y murmuraban:
 
"Borreguito no saltes más,
vuelve prontito a pastar".
¿Y qué contestó el borreguito travieso?
¡Bee, bee, al mundo quiero mirar
y de alegría voy a saltar!"
 
En el Bosque vivía el gigante, sacó su cabeza peluda de la cueva y le llamó:
 
-¡Hola borreguito, ahora serás mi amiguito! - y con su mano de gigante metió al borreguito en su cueva.
 
Entre tanto, el pastor se había despertado. Enseguida se dio cuenta de que faltaba uno de sus corderos. Cogiendo su cayado se gue en busca del borreguito perdido. Se encoentró con el conejito y el ciervo. Ellos le dijeron:
 
-"El borreguito alegre va caminando,
por el bosque solito ya va saltando,
por todos los rincones mira, mirando."
 
El pastor apresuraba sus pasos y en el bosque los árboles murmuraban:
 
-"Pastor, al borreguito has de buscar,
el gigante de lo acaba de llevar."
 
El pastorcillo llegó a la cueva y oyó como el gigante roncaba.
 
- Está profundamente dormido, puedo atreverme - se dijo, y pasó por encima de su barriga, pues justo detrás estaba su borreguito que de alegría dio un brinco, ¡por poco despierta al gigante! Sato rápidamente a sus brazos y se fueron a casa.
 
- "¡Bee, bee!, balaba el borreguito,
qué bonito es poder ver
cómo mi fiel pastorcillo
no me ha querido perder."
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