dimecres, 27 de maig de 2015

Li donem veu a... Simone de Beauvoir



Simone de Beauvoir (1908-1986) fou una escriptora i filòsofa francesa, precursora del feminisme, corrent i pensament que va plasmar als seus llibres on va alçar la veu a favor de la llibertat de les dones. Va escriure ficció, assaig, biografies i monografies, i entre els títols publicats en destaquem "Cuando predomina lo espiritual" (1979). 
Segons la crítica, és el primer llibre on es veuen clarament plasmades les seues idees sobre la condició de la dona i el seu rebuig envers l'espiritualitat que ha manat durant la seua educació. El llibre està estructurat en cinc relats curts sobre la vida i personalitats de cinc dones joves: Marcelle, Chatal, Lisa, Anne i Marguerite.



MARCELLE

Marcelle Drouffe era una muchachita soñadora y precoz: desde la edad de diez meses había dado muestras de una extraordinaria sensibilidad. "Cuando te hacías daño no llorabas de dolors - le dijo más tarde su madre -, sino porque te sentías traicionada por el mundo."

Sus padres la mimaban, y ella era tan formal que no la reprendían jamás; pero conoció desde temprano el gusto de las lágrimas. Cuando caía la tarde, se deslizaba debajo del escritorio de su padre o detrás de los pesados cortinados de la sala, y se dejaba invadir por la tristeza y por la noche. Pensaba en los niños pobre sy en los huérfanos cuyas historias había leído en libros de canto doradoç; pensaba que un día llegaría a ser una persona mayor y que su madre no la tendría más sobre las rodillas, o hasta imaginaba que sus padres estaban muertos y que ella quedaba sola en el mundo. Entonces corrían lágrimas por sus mejillas y sentía su cuerpo zozobrar en un vacío delicioso.

Le gustaba sobre todo llorar en las iglesias; los días de fiesta, la señora Drouffe la llevaba a admirar en sus pesebres a niños Jesús de cera o a respirar el olor de los altares donde se adora al Santísimo; a través de la niebla luminosa que nimba la llama de los cirios, Marcelle percibía visiones maravillosas; se le partía el corazón y ofrecía sollozando el sacrificio de su vida a un joven Dios rubio; lo había visto una vez, en el cinematógrafo; por la noche, en la cama, le hacía confidencias: soñaba con enjugar con su largo pelo los suaves pies desnudos. (...)


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